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Científicos opinan sobre efectos del consumo adolescente de marihuana y legalización
14 MAY 2014.- En EE. UU. los debates acerca de la legalización, la descriminalización y los usos médicos de la marihuana están dejando de lado un aspecto clave: la evidencia científica acerca de los efectos de esta sustancia sobre el cerebro adolescente. Esto es lo que sostienen Robert DuPont, presidente del Instituto del Comportamiento y la Salud de Rockville, y Jeffrey Lieberman, presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría, en un editorial publicado el pasado 9 de mayo en la revista científica Science.

De acuerdo con estos científicos, si bien se sabe mucho sobre el efecto de las drogas de uso recreativo sobre el cerebro adulto –ya maduro–, no se han realizado aún investigaciones serias de los riesgos a los que se exponen los consumidores jóvenes de marihuana. Según informan estos expertos, un estudio1 controversial publicado en abril de 2014 sugiere que la utilización “casual” de esta sustancia produce anormalidades estructurales en el cerebro de chicos de entre 18 y 25 años, en especial en regiones que son vitales para las emociones, la motivación y la toma de decisiones. Dado que estos resultados son preliminares y discutidos, enfatizan que se requieren investigaciones rigurosas que aporten información a los debates en torno de los beneficios y riesgos para la salud pública vinculados con la legalización.

DuPont, que fue el primer director del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de EE. UU., y su colega Lieberman, que hoy es también jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Columbia, recuerdan que la marihuana es todavía ilegal para los estadounidenses menores de 21 años. Sin embargo, afirman que, si se concretan las nuevas iniciativas para modificar las leyes de muchos estados, casi con seguridad los jóvenes estarán más expuestos –y tendrán mayor acceso– a esta sustancia, tal como ya sucede con las bebidas alcohólicas y el cigarrillo.

Los partidarios de la legalización argumentan que los efectos médicos dañinos de la marihuana no son peores que los del alcohol y del tabaco. “Pero aunque eso fuera cierto, no significa que los riesgos sean los mismos”, señalan DuPont y Lieberman. En su editorial también indican que, durante décadas, EE. UU. financió estudios sobre los efectos a largo plazo de dichas sustancias, pero no de la marihuana. A diferencia de las enfermedades que provocan el alcoholismo y el tabaquismo –gástricas y hepáticas, en el primer caso, pulmonares y malignas, en el segundo–, muchas de las patologías cerebrales más preocupantes que resultan del consumo de drogas involucran a la mente, y el uso de cannabis ocasiona, por ejemplo, ansiedad y desórdenes psicóticos2. Aunque las investigaciones sugieren que existe un nexo entre el consumo temprano de marihuana y dichos problemas, la base biológica de los mismos es todavía un misterio.

Asimismo, los expertos recuerdan que, en EE. UU., la Encuesta Nacional sobre Salud y Consumo de Drogas mostró, en reiteradas oportunidades, que la prevalencia de los trastornos del consumo de sustancias era cinco veces mayor en los chicos que comenzaron a beber alcohol o usar marihuana antes de los 15 años3. Hipotetizan que esto podría deberse a efectos del consumo temprano en la trayectoria del desarrollo cerebral posterior. Pero remarcan que se necesitan estudios con características especiales para examinar si el uso de marihuana induce cambios en la función del cerebro y en el comportamiento de los jóvenes. 

A modo de comparación, DuPont y Lieberman recuerdan que el Framingham Heart Study (Estudio Framingham del Corazón), en ejecución desde hace 65 años, revolucionó la comprensión de las causas de la enfermedad cardiovascular y produjo resultados totalmente inesperados, que condujeron a mejoras en la atención de la salud y en las políticas públicas. De acuerdo con estos autores, los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. deberían lanzar un estudio a largo plazo similar, que involucre a preadolescentes e incluya un seguimiento durante la adolescencia y la adultez temprana, etapas en las que el cerebro humano muestra mayor plasticidad: se desarrolla con rapidez, se reorganiza y forma conexiones y circuitos neuronales duraderos. 

Al concluir, los expertos enfatizan que, gracias al crecimiento de las neurociencias, en las últimas dos décadas se desarrollaron nuevos métodos para medir el efecto de las drogas en la estructura del cerebro y en los procesos mentales. Y dado que en EE. UU. y Europa se encuentran en marcha proyectos neurocientíficos de gran envergadura –como la Iniciativa BRAIN anunciada por el presidente Obama en 2013–, DuPont y Lieberman opinan que el momento es propicio para un estudio riguroso de los efectos a largo plazo de las drogas. Según advierten, si no se dispone de más evidencia científica para la toma de decisiones informadas acerca de las sustancias psicoactivas, como la marihuana, se estará poniendo en riesgo la salud y la seguridad de la juventud.


Referencias

J. M. Gilman et al., J. Neurosci. 34, 5529 (2014)

2 M. Large et al., Arch. Gen. Psychiatry 68, 555 (2011); L. Degenhardt et al., Addiction 108, 124 (2013)

3 Substance Abuse and Mental Health Services Administration (Administración de Servicios de Salud y Abuso de Sustancias), 2012 National Survey on Drug Use and Health: Summary of National Findings, NSDUH Series H-46 (Encuesta Nacional sobre Salud y Consumo de Drogas 2012: resumen de resultados nacionales, Serie H-46) HHS Publication No. (SMA) 13-4795 (Substance Abuse and Mental Health Services Administration, Rockville, MD, 2013).