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Educar, una actividad común de la labor de médicos y docentes
8 sept 2014.- 

Por el Dr. Daniel Stamboulian* 

Hace ya varios años, leí un pensamiento del maestro John Schlatter que decía: “Soy el más afortunado de todos los que trabajan. La sensación de felicidad y alegría que siento cuando colaboro para que mis alumnos puedan usar sus talentos y desarrollarlos es única”. Esta cita me llevó a reflexionar sobre un sentimiento similar que experimentamos los médicos: la felicidad de poder ayudar a nuestros pacientes y de lograr que salgan adelante cuando se enfrentan con una enfermedad.

Pero docentes y profesionales de la medicina no solo compartimos sensaciones durante nuestra tarea diaria, también tenemos un papel común que es clave para toda sociedad: educar. Esto ya lo refleja la palabra doctor, que proviene del latín docere y significa ‘enseñar’. 

Así como admiramos a un maestro cuando es capaz de alentar a un alumno para que “encienda sus motores”, para que piense y asuma un rol activo, se valora al médico cuando es capaz de estimular a su paciente para que colabore con las indicaciones y con el manejo de su enfermedad, y para que de esa manera alcance las máximas posibilidades de superarla. 

En ocasiones, maestros y médicos cumplimos incluso un papel que va más allá de nuestro rol formal. Como lo resumía Schlatter: “En el transcurso de un día, se me ha pedido ser amigo, actor, médico, buscador de efectos perdidos, chofer, psicólogo, padre sustituto y defensor de la fe. El mejor regalo que puedo recibir es el agradecimiento y reconocimiento de mis alumnos”. Cuando en nuestra labor asistencial ponemos en juego calidez, sensibilidad, comprensión e interés por nuestros pacientes, pasamos asimismo a desempeñar roles diversos y parecidos a los antes señalados, que nos deparan gratificaciones igualmente sentidas. 

La misma actitud nos vincula a los médicos, en nuestro rol docente, con los estudiantes, residentes y colegas con quienes compartimos aquello que sabemos, transmitiendo las experiencias y aprendiendo mientras enseñamos. Nuestra enseñanza involucra ciencia y arte. La ciencia es el conocimiento;  el arte, la maestría para aplicarlo. Y cada uno de nosotros tiene su forma única de hacerlo. 

Julie Bick, quien tuvo un rol de liderazgo en la empresa Microsoft durante los noventa, expresó una idea que yo comparto: “Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías, pero breve y eficaz por medio de ejemplos”. El aprendizaje no es exclusivo de una etapa de la vida; es una necesidad permanente, que cuesta menos cuando se tiene ejemplos para replicar, modelos a seguir. Y cuando uno cuenta con el apoyo y el consejo de otros que tienen más experiencia, que pueden guiarnos en nuestro camino, alentarnos a transitar nuevas rutas y ayudarnos a crecer.

Es importante que todos recordemos que educar es una de las actividades fundamentales de la vida, y que la mejor manera de aprender es poniendo entusiasmo, interés y pasión para adquirir nuevos conocimientos. Pero también, y sobre todo, se aprende a través de la enseñanza. Uno educa como maestro, como médico, como padre, como hijo, como abuelo. Porque la enseñanza no se realiza solo en las escuelas y universidades, podemos llevarla a cabo en cualquiera de los escenarios en los que nos toque actuar.

La pasión que siento por mi labor profesional, por la educación y por la comunicación me lleva a compartir con ustedes algunas de mis reflexiones y vivencias:
  • Los buenos maestros estimulan a sus alumnos a desarrollar el potencial propio y les pasan nuevas ideas, que les ayudarán en su carrera y en su vida intelectual.
  • Es importante impulsar a los estudiantes y a los médicos jóvenes a pensar qué sucederá durante los próximos años.
  • Conocer y llamar por su nombre a nuestros alumnos y pacientes es un pilar fundamental para crear una buena relación con ellos. 
  • Cuando se presenta un tema o se analiza una situación médica, es importante transmitir los conceptos con claridad a los estudiantes y a los pacientes, y tener una actitud optimista y positiva.
  • El uso de anécdotas siempre contribuye a que se recuerden los temas sobre los que uno trabaja.
  • Debemos ayudar a los alumnos a planificar las actividades, a concentrarse y a evitar las distracciones. También es necesario estimularlos para que trabajen mucho.
  • Es parte de nuestra función enseñarles a leer, a hacer notas y a pensar en las lecturas que realizan. Solo los estudiantes que leen más que lo mínimo se volverán bien educados y exitosos.
  • Aprender a hacer resúmenes de los temas analizados es sumamente importante tanto para médicos como para estudiantes.
  • Así como la práctica es clave cuando uno está aprendiendo a tocar un instrumento musical, por ejemplo, el violín, la escritura es un ejercicio que los estudiantes deben hacer de manera regular para desarrollar esa habilidad. Si no escriben con frecuencia, no lograrán hacerlo bien.
  • Los grandes docentes disfrutan de estar con los estudiantes y de su compañía; los grandes médicos disfrutan cuando acompañan a sus pacientes y les dedican tiempo.
“Doy gracias a Dios todos los días por ser maestro”, nos dice Schlatter. Como médico, también agradezco diariamente a Dios por tener el privilegio de ejercer esta profesión. Y, en vísperas del Día del Maestro, deseo expresar mi profundo agradecimiento a los docentes por su invaluable contribución tanto a nuestra sociedad como a su salud.


* Presidente de FIDEC y FUNCEI. Director médico y editorial de Crecer sanos en casa y en la escuela.