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Uno de cada cuatro adolescentes le teme a sus compañeros
27 ago 2013.- A pesar de los esfuerzos por darle visibilidad al bullying o acoso escolar, la mayoría de los casos de continúan inadvertidos. A través de una encuesta realizada por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina, uno de cada cuatro alumnos de entre 10 y 18 años manifestó tenerle miedo a alguno de sus compañeros

Si bien entre los chicos de menor edad es más común la agresión física directa y verbal, en el secundario el maltrato se transforma en indirecto –murmuraciones, amenazas, robos– y se vincula con lo social –rechazo y aislamiento. Esto resulta muy preocupante en el caso de los adolescentes, ya que la aceptación en el grupo es crucial.

Frente a la violencia indirecta, el 46% de los encuestados dijo sufrirla “a veces” y el 11%, “mucho”. El 32% manifestó recibir “a veces” agresiones físicas y el 62%, agresiones verbales. Asimismo, los participantes hicieron su autocrítica, ya que el 62% confió haber maltratado a sus compañeros “a veces” y el 6%, “continuamente”.

Otros datos aportados por el Observatorio Argentino de Convivencia Escolar revelan que los maestros y padres son los últimos en enterarse del problema. Ante reiterados hechos de violencia, el 57% de los niños se calla y del resto, el 70%, se lo comunica a sus amigos, después a los padres y finalmente al docente. Esto hace que se incremente su invisibilidad, sea tan difícil de prevenir y mucho más complejo delinear estrategias para tratarlo. Por eso, uno de los principales desafíos para los docentes y padres es distinguir este problema, definirlo y poder entender sus implicancias.

“Creemos firmemente que el bullying se aprende y, por lo tanto, también puede desaprenderse. No se trata de etiquetar ni de humillar a los estudiantes que acosan, sino de ayudarlos a abandonar esa manera de comportarse”, explica Candelaria Irazusta, psicóloga del Departamento Infantojuvenil del Instituto de Neurología Cognitiva de Buenos Aires. Y enfatiza: “Para esto, es necesario que los adultos responsables –padres y docentes– asuman que el problema existe y que es más frecuente de lo que parece, que tengan conciencia de su importancia y de las consecuencias graves que puede tener, y, especialmente, de que ellos deben intervenir lo más pronto posible porque las situaciones de malestar crónico si no se detienen, crecen”. 

¿Qué es el bullying?

El bullying es una forma grave y específica de violencia escolar, un maltrato normalmente intencionado y perjudicial de un estudiante hacia otro compañero, generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual. Suele ser reiterado y persistente: puede durar semanas, meses e, incluso, años.  

La mayoría de los agresores actúa movida por un abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar. No es un conflicto normal entre pares, sino que se trata de un problema en el que todos los adultos deben involucrarse para detener con urgencia.

Si bien hay determinados rasgos que hacen pensar que un chico tiene más posibilidades de verse involucrado en una situación de bullying –ya sea como hostigado o como hostigador–, todos los que participan en alguna medida están siendo afectados.

¿Cómo darse cuenta si un chico sufre bullying?

Señales de alerta en la escuela y en las tareas escolares
  • Cambio repentino en la asistencia a clase o en el rendimiento académico.
  • Éxito académico: parece el niño mimado o la niña mimada del profesor o de la profesora.
  • Dificultad para concentrarse en clase: se distrae con facilidad.
  • Salida tardía al recreo y regreso rápido al aula.
  • Dificultad de algún tipo en el aprendizaje.
  • Falta de interés en las actividades o en actos escolares.
  • Interrupción de la asistencia a actividades de la escuela que le gustaban.
Señales de alerta en cuanto a lo social
  • El alumno se muestra solitario, retraído, aislado.
  • Muestras escasas o nulas habilidades sociales o interpersonales.
  • No tiene amigos ni amigas, o tiene menos que otros estudiantes. Es poco popular, suelen elegirlo último o última para formar grupos o equipos.
  • No tiene sentido del humor o tiene un humor inapropiado.
  • Otros estudiantes suelen burlarse o reírse de él, se meten con él, le toman el pelo, lo menosprecian o insultan. No sabe hacerse valer.
  • Otros estudiantes lo molestan y le dan patadas o golpes a menudo. No sabe defenderse. Utiliza un lenguaje corporal característico: hombros encorvados y cabeza gacha: No mira a las otras personas a los ojos, les rehúye.
  • Tiene una diferencia ostensible que lo aparta de sus compañeros o compañeras.
  • Prefiere la compañía de los adultos en los tiempos libres.
  • Toma el pelo, molesta o irrita a otros, los provoca y no sabe cuando parar.
  • Ha empezado de pronto a acosar a otros estudiantes.
Señales de alerta en lo físico
  • Está enfermo con frecuencia.
  • Se queja seguido de dolores de cabeza y de estómago, etc.
  • Tiene arañazos o moretones, y ropa u objetos personales rotos o dañados sin una explicación obvia.
  • Comienza a tartamudear de manera repentina.
  • Tiene una diferencia de carácter físico que lo aparta de sus iguales: lleva anteojos, tiene sobrepeso o pesa menos de lo que debería, es más alto o más bajo que sus compañeros, habla en forma rara, tiene un aspecto raro o anda raro.
  • Cambia su pauta de comidas: muestra una pérdida repentina de apetito.
  • Es torpe, descoordinado, le va mal en los deportes.
Señales de alerta en lo emocional y conductual
  • Cambio repentino de humor o de comportamiento.
  • Pasivo, huraño, callado, tímido, retraído, irritable.
  • Baja o nula autoestima y confianza en sí mismo.
  • Excesivamente sensible, cauto, apegado.
  • Nervioso, ansioso, preocupado, temeroso, inseguro.
  • Otros sentimientos: llora con facilidad y, a menudo, se angustia o sufre cambios de humor extremos.
  • Irritable, problemático, agresivo, irascible: se rebela contra otros (pero siempre pierde).
  • Culposo: se atribuye los problemas o dificultades.
  • Preocupado excesiva por su seguridad personal: dedica mucho tiempo y esfuerzos a pensar o preocuparse por ir y volver a salvo del comedor escolar, del baño o del recreo. Evita siempre ciertos lugares de la escuela.
  • Comentarios particulares: menciona la posibilidad de salir corriendo o de suicidio.

Fuente: Fundación Instituto de Neurología Cognitiva (INECO). Buenos Aires, Argentina.