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La autoestima positiva: un regalo valioso para nuestros niños
Por la Lic. Cintya Elmassian*. 

El desarrollo de una autoestima positiva en la vida de un niño es uno de los pilares para favorecer su salud emocional y su bienestar general, en proyección a su futuro.

Partiendo de una concepción del niño como ser integral, su crecimiento saludable y armónico dependerá de la adecuada satisfacción de cada una de sus necesidades, tanto en el plano físico como en el psicoafectivo. Ocuparse de esta tarea y acompañar a los niños en la maravillosa aventura de crecer es un privilegio y también una responsabilidad de los padres y adultos significativos que influirán en sus vidas.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima se relaciona con el concepto que una persona tiene de sí misma (basado en ideas, percepciones y cualidades con los que se describe), y el grado de valoración que le atribuye. Si hay una gran diferencia entre lo que considera que es y el modelo que le gustaría alcanzar, su autoestima será baja. Por el contrario, será adecuada si se siente a gusto consigo misma, estimando sus fortalezas y aceptando sus debilidades. 

La autoestima impacta todas las áreas de la persona, determinando la actitud hacia el propio cuerpo, el reconocimiento de las capacidades, el rendimiento y la manera de entablar las relaciones interpersonales.

¿Cómo aprende el niño a valorarse?

La autoestima no es innata, se aprende y desarrolla desde que el niño nace, a partir de los vínculos que establece con los adultos significativos para él. Las personas importantes que lo rodean son como espejos a través de los cuales aprende a mirarse y reconocerse.

En sus primeros años, el niño ve de sí mismo la imagen que le refleja su familia. Cuando se siente amado, aceptado y valorado de manera incondicional, y recibe una imagen positiva y realista de sí mismo, el niño aprende a mirarse de igual manera. Esto, además, lo ayudará a desarrollar la fortaleza emocional necesaria para afrontar situaciones de estrés, frustraciones o críticas que reciba. 

La autoestima dependerá tanto de la aprobación de los demás, como de la propia satisfacción, al comprobar que puede realizar tareas en forma autónoma. 

Si los niños sienten que los adultos confían en sus capacidades, a pesar de sus eventuales errores y dificultades, ganarán la confianza necesaria para afrontar los desafíos que se les presenten. Los resultados positivos que obtengan confirmarán su capacidad y competencia, reforzando así su autoestima. 

La etapa escolar les presenta a los niños nuevos desafíos y les brinda oportunidades de encuentro con otros diferentes a la familia, alternativas de relación que también tendrán un gran impacto en la percepción que formen de sí mismos. 

La actitud de los docentes, la imagen que le devuelvan los compañeros, las experiencias de aprendizaje, así como su desempeño físico y social también afectarán positiva o negativamente su autoestima.  

Establecer vínculos positivos con los niños, dentro de un entorno que les brinde afecto, contención, apoyo, seguridad y límites es la base para influir de manera favorable en sus vidas. 

Los niños con autoestima positiva…
  • Se sienten a gusto consigo mismos.
  • Tienen ideas propias y las expresan.
  • Conocen sus capacidades y limitaciones.
  • Asumen desafíos y responsabilidades.
  • Entablan relaciones amistosas fácilmente y disfrutan al compartir juegos con otros.
  • Son alegres y optimistas.
  • Son creativos y se muestran interesados por conocer el mundo que los rodea.
  • Comunican abiertamente sus emociones.
  • Reconocen sus errores y se esfuerzan por superarlos, confiando en que podrán hacerlo.
  • No se comparan con otros ni están pendientes de los demás.
  • Toleran las dificultades que se les presentan como pasajeras.
  • Tienen en cuenta las necesidades de los demás y son solidarios.
La autoestima se puede dañar

El niño desarrolla una imagen distorsionada de sí mismo cuando percibe que lo rechazan o ignoran. Esto sucede, por ejemplo, cuando por algún motivo el hijo no cubre la expectativa que tienen los padres sobre él, lo que lo lleva a sentir que no es aceptado de manera incondicional.

Por otro lado, el maltrato físico o verbal, los gritos y amenazas a los que en ocasiones recurren los adultos para ejercer el control y los mensajes que descalifican o condicionan al niño como persona originan sentimientos de desvalorización que lo pueden llevar a subestimar sus capacidades y encarar las situaciones que se le presentan desde una postura derrotista.

Otras actitudes más sutiles, como las burlas, el trato irónico o despectivo, las comparaciones, los apodos o “rótulos” y los dobles mensajes, también afectan negativamente su imagen, creándole confusión.  

Paradójicamente, la sobreprotección también genera un sentimiento de rechazo, ya que encubre falta de confianza y de reconocimiento de las capacidades del niño.

Al llegar a la adolescencia, los chicos que se sintieron rechazados y no recibieron modelos alternativos que los ayudaran a reparar su imagen pueden adoptar actitudes autodestructivas o de riesgo, para llenar el vacío generado por las carencias emocionales.

Los niños con baja autoestima…
  • Tienen una imagen distorsionada de sí mismos.
  • Se comparan con los demás y se sienten inferiores.
  • Son inseguros.
  • Tienen temor a equivocarse y ser rechazados.
  • Les cuesta relacionarse con otros.
  • Buscan complacer a los demás y obtener aprobación.
  • Se frustran y desaniman fácilmente y se sienten incapaces de alcanzar sus metas.
  • Culpan a los demás de sus fracasos.
  • No se aceptan a sí mismos y, por eso, se muestran irritables.
Estos niños tendrán mayores probabilidades de ser en el futuro personas dependientes, temerosas, ansiosas o depresivas.

Por otro lado, debemos diferenciar la autoestima del egocentrismo, que se fomenta cuando aceptamos todas conductas del niño, sean estas adecuadas o no, cuando lo alabamos y elogiamos por todo, consentimos sus caprichos, le damos todo lo que demanda y le restamos la responsabilidad por lo que hace. 

Los niños con “egoestima”…
  • Comparan sus resultados con los de otros.
  • Buscan un lugar sobresaliente y se alteran si no lo tienen.
  • Culpan a los demás o a las circunstancias de sus fallas o errores.
  • Actúan para lucirse o por los beneficios que puedan obtener.
  • No disfrutan lo que tienen.
  • Comparten si pueden obtener algo a cambio.
  • Son poco agradecidos y esperan que se los complazca en todo lo que quieren.
  • Manipulan a sus padres con comentarios y actitudes, generándoles culpa.
Reflexión final

Si bien los primeros años son los de mayor impacto en el desarrollo de la autoestima, la misma se refuerza durante toda la vida, fortaleciéndose o debilitándose de acuerdo a las experiencias que se atraviesen. 

Afortunadamente, los “espejos” distorsionados se pueden modificar. Aunque en algunos casos puede ser necesaria la intervención profesional, es bueno reflexionar sobre qué clase de espejos somos para nuestros niños y examinar los sentimientos y expectativas que tenemos hacia ellos. ¿Los consideramos capaces de superarse y aprender? ¿O vemos permanentemente sus debilidades? 

Como somos el principal modelo para los hijos, nuestra autoestima será un factor determinante en el desarrollo de su bienestar emocional. Ellos nos observan e imitan nuestras reacciones y actitudes. Si nos mostramos disconformes y somos competitivos y quejosos, es muy probable que los chicos sigan este camino. En cambio, si nos mostramos a gusto con nosotros mismos, mantenemos una mirada optimista a pesar de las dificultades que afrontamos y aprendemos a ver a nuestros hijos desde sus posibilidades más que desde sus limitaciones, tendremos mayores probabilidades de contribuir a su bienestar emocional.

* La autora es licenciada en Psicología y coordinadora del Departamento de Programas Educativos y Publicaciones Infantiles de FUNCEI.