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Familia y escuela: dos entidades con un trabajo en común
Si bien tradicionalmente la familia ejerce un rol fundamental en la educación de los hijos, la escuela brinda un segundo espacio de socialización que también impactará en la formación de su identidad. Aunque la función de cada una de estas instituciones es diferente, la coherencia y cooperación entre ambas es un factor clave para que el niño se desarrolle adecuadamente, en un marco de seguridad y contención.  
                                        
No obstante, en la actualidad pueden verse con mucha frecuencia dificultades que impiden esta tarea conjunta. Familia y escuela están siendo vapuleadas por los vertiginosos cambios sociales que fomentan en la nueva generación de niños un excesivo individualismo, un incremento de la violencia, poca capacidad de respeto a las normas y falta de sensibilidad para vivir en armonía en cada contexto, sumado todo esto a la falta de referentes de autoridad.  
                  
Esta realidad también afecta la interacción familia-escuela y genera, en ocasiones, rivalidad, competencia y falta de comunicación. En estos casos, la familia deja de contar con la escuela como marco de referencia para guiar y orientar a los niños. A su vez, la escuela no encuentra útiles los viejos patrones con los que contaba y, a veces, deja de actuar, porque desconoce qué hacer.

Para contrarrestar esta realidad, urge que los padres y docentes se involucren activamente como generadores de cambios, priorizando el bienestar de los niños por sobre las diferencias –a partir de  la comunicación, el respeto y la cooperación–  orientando y dando coherencia a los aprendizajes.  
 
Para que la comunicación entre padres y docentes sea efectiva, es importante mantener el diálogo de forma amena y positiva, y priorizar la adecuada resolución de conflictos. A su vez, una relación respetuosa entre ambas partes servirá de modelo y ejemplo a los niños, y contribuirá a fortalecer  vínculos, estimulando un entorno propicio para el aprendizaje.

Cabe destacar que la Unesco, en su Informe para la Educación del Siglo XXI, propone cuatro pilares fundamentales para la educación del futuro: aprender a conocer, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a vivir en comunidad. En este marco, familia y escuela comparten la responsabilidad en común de educar a los niños para este fin.

Los docentes pueden fomentar el bienestar emocional de los niños  

La escuela es el ámbito donde los niños pasan gran parte de su tiempo y se relacionan con sus pares y docentes en ausencia de sus padres. En este espacio de socialización, el segundo luego de la familia, se ponen a prueba cada uno de sus aprendizajes previos.

Las experiencias que viven en la escuela, la relación con los compañeros y los vínculos que los docentes establezcan con sus alumnos, también impactarán su autoestima y su desempeño general.

La escuela puede ser un espacio favorable y positivo para el niño, o un  lugar de malestar y conflictos. Es fundamental entonces tomar todas las medidas necesarias para que este ámbito brinde seguridad a cada alumno, respetando su derecho a estar protegido y ser tratado con dignidad y respeto. En este sentido, las escuelas son responsables del resguardo físico y emocional de sus alumnos, brindando afecto, contención y comprensión. Si los docentes asumen un rol activo como educadores y se muestran sensibles a las necesidades de los niños, podrán intervenir  y ayudarlos a superar sus dificultades.

Con el compromiso y la práctica de los valores humanos, se pueden generar valiosas oportunidades de aprendizaje y cambio.