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¿A qué se debe la creciente agresividad de las nuevas generaciones?
Por Ángela Marulanda*. 

Los indignantes actos violentos protagonizados por algunos jóvenes no son asunto del colegio en el que estudiaron, de los amigos que frecuentan o de los padres que los criaron. Lo son, ante todo, de la cultura en que se están formando. 

Mientras que antes de los años 70 el 75% de los delitos violentos era protagonizado por personas mayores de 21 años y el 25%, por menores de edad, a partir de los 80 esta ecuación se invirtió, y hoy son los adolescentes los principales autores de actos cada vez más violentos e ignominiosos. 

En la actualidad, los hijos crecen en un entorno en el que la villanía, el crimen, la violencia sexual y la inmoralidad se glorifican en las series, películas y novelas favoritas de los menores de edad. Y no menos monstruosos son muchos de sus juegos de video preferidos, que los invitan a divertirse matando a sangre fría a cualquier inocente, acribillando brutalmente a sus contendedores o teniendo sexo cibernético con prostitutas para luego acabarlas a golpes, por mencionar solo unas cuantas de las atroces “hazañas” que se les premian, por ejemplo, en “Gran Theft Auto San Andreas”,  uno de los juegos que ha batido récords de ventas en Latinoamérica. Parece que, sin percatarnos, se está así entrenando a muchos niños para que gocen perpetrando toda suerte de infamias.

La violencia, real o virtual, no solo deforma moralmente a nuestros hijos sino, más grave aún, los connaturaliza tanto con la muerte y el dolor humano que, a veces, ¡hasta llega a deshumanizarlos!

Según publicó en 2006 la revista Science, “cuando los menores son testigos o participan jugando a ser violentos, se duplican sus posibilidades de ejercer las mismas formas de agresión con quienes les rodean”. En efecto, se ha visto que al estar a menudo expuestos o protagonizando como jugadores una variedad de delitos horripilantes, los niños se van insensibilizando al sufrimiento de sus semejantes y pierden la capacidad de apiadarse de ellos, por lo que pueden llegar a agredirlos violentamente, casi sin percatarse de la gravedad de lo que hacen.

No me cabe duda de que la agonía moral propiciada por la cultura de violencia en que crecen las nuevas generaciones es la principal responsable de la brutalidad entre nuestros jóvenes. Y que nosotros, sus padres, somos los principales responsables de tomar medidas que eviten que todo lo que envenene el corazón de nuestros hijos llegue a atrofiar su conciencia y, por ende, a generar el derrumbe de un futuro prometedor para ellos y para nuestra sociedad.


*Autora y educadora familiar.