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¿Cómo fomentar el desarrollo de una adecuada autoestima?

Por la Lic. Cintya Elmassian*. 

Si bien no existe una única fórmula para lograr este objetivo, hay ciertas pautas a seguir que, basadas en el amor, la valoración y  la aceptación incondicional,  favorecen este proceso. El rol de los padres resulta fundamental.

  • Expresarles afecto, a través de abrazos, palabras y gestos, de maneras apropiadas según las diferentes edades de los niños.

Si bien resulta indispensable para el bienestar emocional de los niños, no basta solo con demostrar el afecto, debemos además estar seguros de que se sientan realmente queridos y valorados, en primer lugar, por sus padres y familia y, luego, por otras personas de su entorno: maestros, amigos y compañeros. Al sentirse aceptados tal como son (independientemente de sus logros y comportamientos), aprenderán también a aceptar y valorar a los demás.

  • Dedicarles tiempo. 

Disfrutar con ellos, respetarlos, interesarnos por lo que hacen, ser pacientes y aceptar sus ritmos son algunas maneras de transmitir a los niños que realmente son importantes para nosotros.

  • Ser realistas en relación con las expectativas que tenemos para los hijos, de modo que contribuyan a favorecer el desarrollo de su propio potencial.

Esto los ayudará a sentirse a gusto con ellos mismos y a dar lo mejor de sí. Por el contrario, cuando les transmitimos que no estamos conformes, que siempre falta algo o que esperábamos más, es probable que generemos en ellos inseguridad, duda, insatisfacción y resentimiento.

  • Favorecer la comunicación, creando un clima de confianza y comprensión.

Esto los animará a compartir sus problemas y temores, sabiendo que los ayudaremos a encontrar la mejor solución. Para lograrlo, debemos escucharlos con atención, responder a sus preguntas y estimularlos a expresar sus emociones, validando lo que sienten, aunque nos incomode o nos parezca injustificado. Por ejemplo, en lugar de decirles “no te podés enojar por eso”, podemos preguntarles “¿qué te hizo sentir así?”. A la vez, es importante estar atentos a sus cambios de conducta y acompañarlos con una actitud de contención, en especial si están atravesando crisis o situaciones difíciles.

  • Reconocer las creencias que los niños tienen sobre sí mismos.

Es importante estar atentos a comentarios negativos –como “no puedo”, “no me va a salir”, “me gustaría ser como…”, “nadie me quiere” – y ayudarlos a identificar en primer lugar el motivo, enseñándoles progresivamente a ver maneras alternativas y más funcionales, que los ayuden a tener una mirada positiva sobre ellos mismos: “voy a poder”, “si lo intento me va a salir”, “me puedo equivocar”.

  • Promover su autonomía.

Hay una frase que dice: “No des a alguien el pescado, mejor enséñale a pescar”. Solo que antes debemos asegurarnos que tiene las suficientes fuerzas para sostener la caña. Como padres, debemos encontrar el equilibrio al ayudar a los hijos a resolver sus desafíos, evitando la sobreprotección y permitiéndoles que los asuman por sí mismos, sin exponerlos a exigencias desmedidas.

En este proceso gradual, el grupo familiar debe funcionar como mediador, promoviendo en los niños la seguridad y confianza necesarias, que les permitan luego interactuar de manera independiente en sus distintos ámbitos.

Para lograrlo es fundamental estar cerca de ellos y proponerles situaciones que puedan resolver, de acuerdo a su etapa evolutiva, posibilidades y capacidades. Si los animamos y alentamos a alcanzar sus metas, les damos libertad para que intenten soluciones aunque se equivoquen y ponemos el foco en sus logros y no en sus dificultades, irán descubriendo que son capaces y competentes para afrontar desafíos o resolver problemas. Esto también les ayudará a ver los obstáculos como oportunidades de aprendizaje y les dará la posibilidad de reconocer sus fortalezas y dominar sus debilidades.

  • Tener en cuenta que el crecimiento no es lineal: es necesario ser pacientes y recordar que los cambios y aprendizajes llevan tiempo y se realizan de forma progresiva.
  • Favorecer también el desarrollo de sus habilidades y capacidades, proponiéndoles realizar y disfrutar aquellas actividades que les interesan y en las que pueden destacarse.
  • Crear en ellos el sentido de la responsabilidad, delegándoles pequeñas tareas cotidianas que puedan realizar.
  • Estimularlos, elogiarlos, agradecerles cuando colaboran.

Es importante expresarles de maneras concretas los resultados positivos de su buen comportamiento (por ejemplo, si intentaron resolver solos sus tareas, lograron ordenar su cuarto o solucionar un conflicto con un compañero). Si los niños sienten que lo que hacen tiene valor, y que sus esfuerzos y progresos, aunque sean pequeños, se reconocen, estarán más motivados a perseverar y alcanzar sus metas. Por el contrario, si en lugar de demostrarles alegría y entusiasmo, le restamos importancia a sus esfuerzos cuando no cumplen con lo esperado, los sobreexigimos y los retamos excesivamente manifestándoles nuestro disgusto, se sentirán poco valorados y se verá afectada su autoestima.

Muchos niños tienen dificultades para identificar sus capacidades porque no se las reconocen. Cuando un niño no recibe estímulos ni reconocimiento por sus logros, puede recurrir a conductas inapropiadas como una manera de llamar la atención.

  • Evitar las comparaciones, críticas, rótulos negativos, amenazas y castigos, ya que generan confusión, inseguridad y daños emocionales en los niños.
  • Mostrar coherencia entre el decir y el hacer. Los niños deben sentir que las conductas de sus mayores son consistentes con las que les señalan como adecuadas.
  • Ayudarles a ver la vida con optimismo, fomentar el entusiasmo y desarrollar su sentido del humor,  enseñándoles a reírse de ellos mismos.

Estas actitudes no solo contribuirán a su bienestar emocional, sino que también los ayudarán a desarrollar una mayor tolerancia ante las frustraciones.

  • Establecer límites y expresarles claramente lo que esperamos de ellos, las conductas que desaprobamos y sus consecuencias. 

Los límites les dan seguridad y contención, y favorecen la capacidad de reflexionar sobre sus propias conductas y el impacto que éstas tienen en los demás, dando lugar progresivamente al desarrollo del  autocontrol.

  • Corregir su comportamiento inadecuado refiriéndonos siempre a la conducta específica y no a su persona.

Por ejemplo, decir “esta cuenta está mal” y no “sos un desastre”. Tener una actitud positiva, no generarles sentimientos de fracaso, humillarlos o avergonzarlos frente a otros.

Reflexión final

Los chicos no necesitan padres “perfectos”, sino seres humanos flexibles, cercanos a sus necesidades, interesados por su bienestar y capaces de reconocer y reparar sus errores cuando se equivocan. La clave es el amor. Podemos tener un mal día y variar en ocasiones nuestro estado de ánimo, pero el vínculo se fortalecerá si el amor por nuestros hijos permanece inalterable.

*La autora es licenciada en Psicología y coordinadora del Departamento de Programas Educativos y Publicaciones Infantiles de FUNCEI.