INFECCIONES MEDIDAS DE PREVENCIÓN SALUD EMOCIONAL JUEGOS Y DEPORTES
PATERNIDAD SIGLO XXI LIBROS PARA CHICOS NOVEDADES

Claves para favorecer el bienestar emocional de los hijos

A través del trato que dan a los niños, los padres pueden contribuir significativamente a su desarrollo. Aquí, les ofrecemos pautas que orientan sobre cómo llevar adelante esta tarea.

  • Ayudarlos a desarrollar una autoestima positiva.

Se trata de uno de los pilares fundamentales del bienestar emocional. Dado que la autoestima no es innata, sino que se forma desde que el niño nace, a partir de los vínculos que establece con sus padres y los adultos significativos para él, es fundamental apoyarlo para que construya un concepto sano y equilibrado de sí mismo. Esto implica el reconocimiento y la valoración de sus fortalezas, así como la aceptación de sus debilidades.

Cuando el niño se siente amado,  aceptado y valorado de manera incondicional, aprende a mirarse de igual manera. Este es el fundamento básico de la autoestima. En cambio, los chicos desarrollan una imagen distorsionada de ellos mismos cuando perciben que son rechazados o ignorados, ya sea abiertamente o de manera encubierta. Las agresiones físicas y verbales –golpes, gritos, trato despectivo,  burlas, rótulos o apodos negativos– originan en ellos sentimientos de desvalorización. Paradójicamente, la sobreprotección también puede generar sentimiento de rechazo, ya que encubre falta de confianza y  reconocimiento de sus capacidades. 

  • Dedicarles tiempo. 

“Quiero tiempo, pero tiempo no apurado…” Esta frase de una canción de María Elena Walsh refleja una gran verdad: lo que más necesitan los niños es el tiempo con los adultos. Sin embargo, es algo que hoy les falta.

Con el deseo de cubrir todas las necesidades de los hijos y lograr un mayor bienestar económico, los padres se ven presionados  a invertir más tiempo en el trabajo. La sociedad de consumo ha generado la falsa ilusión de que proveer a los hijos de los bienes materiales que demandan es una manera de brindarles amor y atención. Pero está comprobado que, en muchos casos, la ausencia prolongada de los adultos en el hogar, la prisa y el escaso tiempo compartido interfieren negativamente en el desarrollo psicoemocional de los chicos. 

Lo que ellos necesitan es un tiempo de calidad, que favorezca el vínculo afectivo y la comunicación, y que les transmita lo importantes y valiosos que son para sus padres. Sin dudas, esto no se compra con dinero, por lo que muchas veces los adultos habrán de reorganizar la agenda y encontrar un espacio para dedicar a sus hijos, escucharlos, interesarse por lo que les pasa y por lo que sienten, y estar atentos a lo que necesitan.

  • Crear un clima positivo y de entusiasmo, en el que los chicos se sientan respetados, libres para expresarse, seguros y confiados. 

El trato que les brinden sus padres, el afecto que les demuestren y el modo en que les hablen son factores que también incidirán en el bienestar de los niños.

  • Demostrarles confianza para que aprendan a confiar en ellos mismos. 
  • Favorecer el desarrollo de sus habilidades y capacidades.

Para ello, es útil proponerles actividades que les interesen, le generen disfrute y los ayuden a desarrollar su creatividad y sentirse capaces.

  • Tener expectativas realistas sobre los hijos, respetando sus ritmos y sus tiempos.  
  • Reconocer y apreciar sus fortalezas y logros, y tener paciencia ante sus dificultades.
  • Estimularlos y animarlos a superar sus dificultades, a esforzarse por alcanzar sus metas.

Restar importancia a sus errores y reconocer cada uno de sus  progresos, por más pequeños que sean, los motivará a persistir para lograr las metas. Es importante darles permiso para que se equivoquen, enseñarles que tratar de dar lo mejor no significa “ser perfectos”, y  enseñarles que los errores son oportunidades de aprendizaje. 

  • Evitar las comparaciones con los hermanos, amigos, pares.
  • Promover en los niños su autonomía y enseñarles a ser responsables. 

Los padres pueden delegarles tareas cotidianas pequeñas, que puedan realizar de acuerdo a sus capacidades y posibilidades. Es necesario no exigir a los hijos más de lo que estén preparados para hacer ni hacer por los niños lo que ellos pueden realizar por sí mismos.

  • Enseñar a los niños a reconocer y manejar las frustraciones, afrontando los problemas y limitaciones, así como las molestias e incomodidades que les causan.  

Si los padres tratan de evitar a sus hijos las frustraciones para que estos no sufran, no los prepararán para afrontar las situaciones adversas o dolorosas que les tocará vivir.

Para acompañar a los niños en ese aprendizaje, los adultos pueden conversar con ellos sobre lo que les pasa, ayudarlos a poner en palabras lo que sienten y buscar alternativas de resolución. Además, pueden guiarlos para que identifiquen los pensamientos negativos que los paralizan y los reemplacen por otros que los animen a afrontar la dificultad. Otro recurso es enseñarles a relajarse y respirar con calma cuando las cosas no salen bien, y a pedir ayuda si son reacios a hacerlo. Si los niños son muy dependientes, conviene animarlos a resolver solos lo que esté a su alcance. Finalmente, vale tener en cuenta que a las situaciones difíciles es bueno afrontarlas de a poco, paso a paso.

  • Establecer límites y disciplina.

Para el sano desarrollo de los hijos, estos son tan importantes como el amor y la comprensión. Si los niños crecen en un entorno en el que se ponen límites claros y coherentes, se sentirán seguros y contenidos. Aunque muchas veces los límites representan lo que no está permitido, también definen todo lo que sí se puede hacer y establecen el orden necesario para que las personas puedan convivir en armonía, respetándose y respetando a los demás. El respeto a  los límites fomenta también la autodisciplina y el sentido de responsabilidad.

La forma certera de enseñar límites dependerá siempre de la edad del niño y de la situación específica. Limitar no es castigar, sino que es una manera de darles herramientas preventivas  de protección y autocuidado. Si son bien aprendidas e incorporadas por el niño, le servirán por el resto de su vida y lo convertirán en una persona competente para vivir en sociedad.

  • Centrarse en la conducta o comportamiento equivocado cuando se corrige a un niño, en lugar de referirse a su persona.  

Es importante que los  adultos  eviten  humillarlos o hacerles señalamientos en público y, sobre todo,  asegurarles su amor incondicional, independientemente de los comportamientos que hayan tenido los niños. 

Los padres son el principal modelo para sus hijos, por lo tanto, su bienestar emocional influirá en gran medida en el de los niños.