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El mundial de fútbol, oportunidad para reflexionar con los niños sobre victoria, derrota y valores
Por el equipo del Departamento de Programas Educativos y Publicaciones Infantiles de FUNCEI/Fundación Stamboulian. 

Finalizó el Campeonato Mundial de Fútbol y, con él, el fervor y la pasión deportiva que durante un mes mantuvieron a millones de personas expectantes, mostrando no solo su adhesión a una selección, sino también su nacionalismo. Por nuestra parte, los argentinos revivimos, después de 24 años, la ilusión de poder volver a ser campeones del mundo. Para los niños, fue una experiencia inédita que despertó emociones y reacciones muy diversas. 

¿Cómo vivieron ellos el 1-0 contra Alemania que nos dejó en el segundo lugar y nos hizo pasar de la euforia a la decepción en cuestión de segundos? El sueño de ser los campeones no se alcanzó y, así como ocurre frente a otras situaciones de la vida en las que no se obtienen los resultados esperados, algunos niños reaccionaron con silencio; otros, con enojo, tristeza, llanto, bronca y aun agresiones físicas y verbales. 

El significado que les den los chicos a las experiencias adversas dependerá, en gran medida, del que los adultos cercanos expresemos y transmitamos con nuestras actitudes y comportamiento. Algunas reacciones que pueden ser esperables frente al dolor y a las pérdidas son llamados de atención si perduran en el tiempo o se manifiestan con tal intensidad que imposibilitan recuperar el entusiasmo y el habitual desempeño de las actividades, o generan daños a terceros. El fútbol, así como todos los deportes, puede ser fuente de aprendizajes y de grandes beneficios, pero también generar estrés, frustración o malestar.

Recordemos que el objetivo con que la FIFA creó en 1930 el Campeonato Mundial de Fútbol, deporte que ha llegado a ser el más popular de la Tierra, es el siguiente: “Emocionar al mundo, desarrollar el juego y edificar un futuro mejor.  Tanto la competición preliminar como la fase final ayudan a difundir el deporte del fútbol y promocionar las naciones anfitrionas. Por consiguiente, ofrecen una oportunidad fantástica y una plataforma maravillosa para divulgar por todo el mundo los valores de respeto, deportividad y disciplina que el fútbol enarbola”.

No obstante, los hechos ocurridos en torno a los preparativos y festejos del mundial han mostrado también la “otra cara de la moneda”: violencia, rivalidad, intolerancia y racismo, entre otros factores negativos que se evidenciaron durante las movilizaciones sociales. Cuando la competencia se transforma en competitividad, cuando se justifica que vale la pena ganar a cualquier precio, cuando se festeja la derrota del adversario o se lo humilla –perdiendo el respeto por la persona–, cuando no se juega limpio sino de manera deshonesta y se avala la violencia en el deporte, este pierde su verdadero sentido. Un triunfo obtenido en este contexto pasa a ser solo un mero resultado. 

Entonces, ¿qué oportunidad nos deja este evento tan significativo? ¿Cómo podemos acompañar a nuestros niños y contribuir con su aprendizaje? Los adultos, padres y docentes tenemos la posibilidad de aprovechar estas situaciones para conversar con los chicos sobre aquellos principios y valores que queremos inculcar en ellos, y que les pueden ayudar a adoptar una actitud más tolerante, creativa y positiva frente a las frustraciones, no dejando que un resultado opaque otros logros obtenidos. 

La sociedad exitista en la que vivimos nos quiere convencer de que el rendimiento se mide por los resultados. Pero ¿una derrota es reflejo de fracaso? Cabe señalar que la opinión pública destacó que “la selección argentina dio todo como equipo, tanto dentro como fuera de la cancha”. Por un lado, es importante que rescatemos el valor del esfuerzo, del trabajo en equipo, de la perseverancia, de la superación personal, del entrenamiento, de la diversión y, sobre todo, del juego limpio, más allá de los resultados. Y, por el otro, es necesario reflexionar junto con los niños no solo cómo viven ellos la experiencia desde la hinchada, sino también en sus propias prácticas deportivas.

Finalmente, asumamos el compromiso de transmitir a los chicos que en el deporte, así como en la vida, podemos ganar o perder; pero, más allá del resultado, siempre habrá un aprendizaje o una experiencia valiosa para atesorar.


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